|
|
TANTRA, AMOR
Y SEXO
El
corazón del sexo tántrico
by Diana
Richardson
Capítulo
1
|
 |
Redefinición de la
sexualidad
No hay nadie a quien no
le interese el sexo. Es uno de los temas que a través de milenios ha
suscitado una mayor e imperecedera fascinación, llegando incluso a la
obsesión. Es fácil percatarse de inmediato cuando el sexo es el
tema central de una conversación; en estos casos, las cabezas se juntan
en un gesto de confidencialidad, los silencios se hacen expresivos y los
rostros adquieren un cierto aire picaresco.
Por eso, cuando las personas se sienten temerosas o avergonzadas de hablar
abiertamente de sexo y de su naturaleza ´animal´, es que entre ellas
existe un evidente sentimiento de separación o un ambiente de
aislamiento y tensión.
Pero, ya se aborden o no las cuestiones sexuales, se expresen o se repriman, o
sean placenteras o soportables, lo cierto es que constituyen el más
importante aspecto de nuestra vida. El sexo es algo que siempre está en
nuestra mente; es, sin duda alguna, un visitante asiduo, principal y
distinguido de nuestros pensamientos y fantasías. Forma parte,
además, de nuestra propia química, ya que cada criatura sensible
de este planeta debe su nacimiento a un acto sexual en el que hubo una
unión de células masculinas y femeninas.
Nuestro encuentro con el sexo se realiza a una edad muy temprana cuando de una
manera natural, y con inocente deleite, nos acariciamos los genitales.
Y, tras este encuentro, ya no hay ruptura, toda vez que la sexualidad nos
acompaña durante toda la vida en diferentes fases de desarrollo y
expresión. La sexualidad, por otra parte, es causa de dolor y de placer,
de consuelo y de desconsuelo.
Muchas veces es la determinante de nuestra felicidad o infelicidad, de nuestro
éxtasis o de nuestra agonía. Actos tan sencillos como pintarse
los labios o las uñas de los pies, o aplicarse un perfume o una
loción para después del afeitado, no tienen otra finalidad que
provocar una atracción erótica. En nuestros días, esto de
utilizar el sexo como señuelo es práctica corriente; la prueba
está en que continuamente llegan a nuestros ojos y a nuestros
oídos imágenes y palabras saturadas de erotismo. Los medios de
comunicación se sirven del sexo para vender, denigrar o escandalizar;
mientras que las personas lo utilizan para controlar, tentar, abusar o
abandonar.
Nuestro obsesionante interés por ir a la moda y por presentar una buena
imagen tiene mucho que ver con la cuestión sexual. El hecho de comprobar
que alguien nos considera atractivo o atractiva es suficiente para darnos
vitalidad y confianza, incluso aunque ese alguien no tenga nada en particular
que sea de nuestro agrado. Cuando el deseo es mutuo y compartido, nace en
nosotros la esperanza del amor; esperanza que nos llena de dicha porque vemos
cercana la posibilidad de que se cumpla uno de nuestros grandes deseos que es
amar y ser amado. No hay nada que pueda reemplazar al amor; así que,
cuando éste se materializa en alguien, el sexo se convierte en el mejor
medio para expresarlo.
El sexo puede también presentar su lado oscuro; esto ocurre cuando es
motivo de violencia, discusión y descontento.
Se dice que los hombres tienen un pensamiento erótico aproximadamente
cada tres minutos, mientras que las mujeres lo tienen cada seis o siete.
Cualquiera que sea la frecuencia, la realidad es que somos seres humanos y, por
consiguiente, estamos, nos guste o no, constantemente mediatizados por el sexo.
Energía
sexual y fuerza vital
Puesto que es la fuerza
misma de la vida, no hay modo alguno de que podamos controlar la energía
sexual. Aun cuando a menudo intentamos separar en nuestro pensamiento la
energía sexual de las ´otras´ energías, la verdad es
que todas forman una sola unidad, todas son la misma cosa. La energía es
sólo eso: energía.
La inherente capacidad dinámica de esta energía o fuerza vital la
hace moverse y expresarse a través del sexo o la supervivencia, en el
arte, en los deportes o en la másica. Y, por mucho que lo
intentásemos, nunca podríamos reprimir esta energía o
desentendernos de ella; por lo que lo ánico que podemos hacer en este
caso es canalizarla de la manera más inteligente y edificante
posible.
A pesar de lo extendido que está el juego sexual, es rara la persona que
obtiene de su práctica una satisfacción plena o una gran
sublimación del amor. Las más modernas investigaciones sobre el
fenómeno del orgasmo nos dicen que una persona sexualmente activa de
tipo medio experimenta éxtasis orgásmico durante veinte segundos
a la semana, noventa segundos al mes y, por tanto, dieciocho minutos al
año.
Las anteriores cifras han sido establecidas tomando como base un orgasmo de una
duración de diez segundos; aunque, si lo pensamos bien, conseguir un
orgasmo de esta duración es toda una proeza.
Si proyectásemos estos cálculos a toda una vida, nos
enteraríamos de que en cincuenta años de actividad sexual
habríamos tenido el privilegio de disfrutar de un tiempo total de
éxtasis orgásmico cercano a las quince horas. Estos resultados
sorprenden, e incluso llegan a producir desagrado, cuando nos paramos a pensar
en el gran námero de veces que hemos practicado el coito y en el tiempo
adicional que hemos pasado soñando con las delicias del amor o
angustiándonos por ellas.
Es obvio que para la mayoría de nosotros tanto el amor como el sexo no
presentan un estado satisfactorio. El sexo, cuando se le despoja de todo
romanticismo literario, no es esa fuerza espiritual, orgásmica e
inocente que nos transporta a un mundo de amor y de auténtica
pasión.
El sexo no llega a satisfacernos plenamente ni nos da la suficiente fortaleza
para afrontar con entusiasmo nuestro quehacer diario; como tampoco tiene el
poder de ayudarnos a superar las presiones o limitaciones que nos impone la
vida cotidiana.
Lo normal es que entre hombres y mujeres existan problemas motivados por la
cuestión sexual como son, entre otros, la violación, la frigidez,
la ambivalencia, la eyaculación precoz, la impotencia y el
desinterés por el sexo.
Sexo e
inteligencia
Para darle la vuelta a
todo lo que hasta ahora llevamos dicho, así como para encontrar esa
profundidad de satisfacción sexual que buscamos, debemos comenzar por
dar cabida a la inteligencia en el concepto que tenemos del sexo. Con esto,
queremos empezar a mirarlo dentro de un nuevo contexto o a verlo desde una
perspectiva distinta.
Para ello, tenemos que remontarnos por encima de lo que el sexo tiene de mera
acción reproductora o de placer físico inmediato.
Este nuevo enfoque nos permitirá ahondar en el conocimiento de la
energía sexual, ver cómo mejor responde esta energía, y
utilizar el sexo como un medio perenne de creación de amor entre hombres
y mujeres.
Algo muy favorable para nuestros propósitos y que, además, nos
reconforta, es el hecho de que el sexo sea una fuerza extremadamente saludable
y vigorosa que podemos utilizar para nuestro disfrute y beneficio personal.
El sexo en su más elevada expresión posee un componente divino,
øqué otra cosa, sino divinidad, podría ser esa fuerza que
sólo en un instante te transporta hasta la misma gloria? Es un instante
en que todo está en su sitio, en que todo encaja perfectamente.
Se trata de un éxtasis orgásmico y biológico que dimana de
un recíproco juego dinámico entre dos fuerzas opuestas y que
constituye un alimento para el espíritu. Es de lamentar que haya muchas
personas con convicciones religiosas que creen que el sexo constituye una
desviación en el camino que conduce hasta Dios. ´No caigáis
en la tentación de la carne´, nos han advertido hasta la saciedad;
y ello, aun a sabiendas de que si hacíamos caso de este aviso
pasaríamos noches enteras soñando con el sexo o pensando
obsesivamente en él durante el día.
La renuncia al sexo es una gran equivocación y una dolorosa
pérdida para la humanidad.
Si el sexo se circunscribe a su función reproductora y al placer del
instante, dejándose así de lado su indudable índole
espiritual, estamos disipando nuestra energía vital y, en consecuencia,
perturbando nuestra mente, cuerpo y espíritu.
Con el tantra, representante del equilibrio cósmico de las
energías masculina y femenina, del yin y el yang, de lo positivo y lo
negativo, y de lo dinámico y lo receptivo, podemos introducir amor y
espiritualidad dentro y fuera de nuestras vidas, así como aprender a
vivir libres de las limitaciones de la simple biología. Con esta
práctica hindá, se nos ofrece la oportunidad de retornar a
nuestra propia naturaleza como hombres y mujeres y de encontrar el lenguaje
espiritual del amor a través del acto físico del coito. Se trata
de una noción del sexo muy distinta de aquella que recibimos como
herencia de nuestros padres.
De este modo, el tantra nos proporciona unas ideas y una visión del sexo
y sus funciones completamente diferentes.
Fases de la
energía sexual
La energía
sexual en los seres humanos, además de efectuar un movimiento circular a
través de los canales internos del organismo, realiza dos fases
perfectamente diferenciadas.
La primera fase, que representa el ímpetu inicial de la energía
sexual, comienza en el cerebro y, tras ejecutar un recorrido circular, termina
en los genitales (véase la figura 1). Para expresar lo anterior en
términos fisiológicos, diremos que la región
hipotalámica-pituitaria y la glándula pineal, alojadas ambas en
el cerebro, segregan hormonas que controlan el sistema endocrino del organismo
del que forman parte las glándulas genitales (ovarios y
testículos).
Dichas hormonas garantizan la funcionalidad de los mecanismos sexuales y los
preparan para que realicen debidamente la acción de copular. Esta
primera mitad del círculo, conocida como la fase biológica o
reproductora de la energía sexual, empieza, como ya hemos visto, en el
cerebro y desciende hasta los genitales. Y es en esta fase donde
invariablemente liberamos, a través del orgasmo o la eyaculación,
la energía sexual creada durante el juego erótico.
El secreto del tantra, y también su principal interés,
está en que la energía sexual no salga del cuerpo, sino que sea
retenida dentro de él; es decir, que no sea habitualmente liberada
mediante el orgasmo o la eyaculación. Si esta energía permanece
dentro del cuerpo e inicia un nuevo recorrido circular, desarrollaremos
plenamente nuestro potencial orgásmico. En efecto, en la fase
ascendente, que transcurre por la segunda mitad del círculo, se le da a
la energía sexual la oportunidad de seguir su recorrido circular hasta
terminar en el cerebro, su lugar de origen. Con esto se revitalizan y nutren
las glándulas ´maestras´ (la pineal y la pituitaria) de
nuestro organismo que, como se sabe, tienen mucho que ver con el estado de
salud de nuestro cuerpo.
Con la actividad sexual se liberan muchos factores hormonales que afectan de
manera positiva al cuerpo y a la conducta, por lo que desde muy antiguo el sexo
ha sido asociado a la longevidad y a la iluminación espiritual. Desde el
momento en que se permite que la energía sexual se reabsorba y se
recicle, el sexo se convierte en una fuerza revitalizadora y
energética.
Estamos hablando, pues, de lo que se conoce como la fase espiritual o
generativa del sexo (véase la figura 2); fase en la que los genitales
son reverencialmente considerados como órganos generativos.
El acceso a esta segunda fase de nuestra energía sexual se consigue no
permitiendo que esta energía se escape definitivamente de nuestro
organismo y propiciando que, en lugar de esto, vuelva y realice un recorrido
ascendente hasta el cerebro. Esto es, ni más ni menos, lo que propugna
el tantra en su deseo de demostrar que el sexo puede ser encauzado de forma que
no se limite a crear otras vidas, sino también más vida. Se entra
en la fase espiritual de la energía sexual cuando hombres y mujeres
aprenden a relajarse juntos durante la copulación.
Esta forma de abordar el sexo es diametralmente opuesta a la noción
popular que se tiene de ella, ya que para la mayoría de las personas la
actividad sexual entraña siempre esfuerzos, tensiones y presiones.
Normalmente se cree que cuanto más violento y movido sea el acto sexual
mayor será el goce y la satisfacción que de él se
obtengan. A pocas personas se les ocurre pensar que el coito sea un episodio
tranquilo.
A nadie se le pasa por la cabeza que el auténtico éxtasis sexual
esté íntimamente emparentado con la relajación
física. Nadie piensa que cuanto más nos relajemos, más
numerosas e intensas serán nuestras sensaciones.
Fácilmente se aprecia que el éxtasis y la tensión son, en
este caso, conceptos completamente antagónicos. La tensión genera
calor e inquietud, mientras que el éxtasis surge del frío y la
paz interior. La tensión oprime y contrae, mientras que la
relajación abre y expande. La tensión crea picos y la
relajación crea valles.
La tensión propicia el desprendimiento, mientras que la
relajación favorece la absorción.
La relajación constituye el eje central del tantra. Por eso nos asegura
que cuando nos relajamos en honor de nuestra energía sexual, en vez de
elevarla hasta una cáspide para luego liberarla, lo que hacemos es no
desprendernos de ella y reencauzarla por un tranquilo valle, con lo cual
conseguimos más energía vital y más amor. Si reencauzamos
la energía sexual por medio de la relajación, podremos dirigirla
hacia nuestro interior para que, una vez dentro, inicie una trayectoria
ascendente; durante este proceso la energía sexual es
automáticamente reabsorbida por el cuerpo y puesta de nuevo en
circulación (véase la figura 3).
El tantra equipara esta acción con el acto de colocar un pie en el
primer peldaño de una escalera interior de desarrollo o crecimiento.
En su momento, un relegado sendero de energía se activará a todo
lo largo del nácleo central de nuestro cuerpo y experimentaremos, desde
los genitales hacia arriba, una sublime, gloriosa, dorada y luminosa
sensación producida por una fluida corriente
electromagnética.
Si en vez de imposibilitarla, como hacemos por ignorancia, nos
preocupásemos de darle a la fase espiritual la importancia que se
merece, el simple acto de hacer el amor se convertiría en una
experiencia divina compuesta de las más excelsas maravillas.
Puntos
clave
- La energía
sexual es la propia fuerza vital que circula a través de todos
nosotros.
- Mediante el
equilibrio de nuestras energías masculina y femenina podemos disfrutar
de unas relaciones sexuales saludables y fortalecedoras.
- Podemos encauzar la
energía sexual mediante la forma usual que es el orgasmo, o bien podemos
reencauzarla para que nos proporcione más energía o más
amor.
- Ayudándonos
de la creatividad, podemos transformar el sexo en una experiencia
verdaderamente edificante.
|
1999© Diana
Richardson |