Introducción
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Revisiones







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EXTRACTOS DEL LIBRO
TANTRA, AMOR Y SEXO
El corazón del sexo tántrico
by Diana Richardson

Capítulo 3




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Polaridad y los polos positivos del amor

El principio más esencial del tantra, de hecho su piedra angular, es que la energía masculina y la femenina son fuerzas idénticas y opuestas. Esto hace que se atraigan y se complementen entre sí al igual que pasa con el yang y el yin, en los que la dinamicidad se contrapone a la receptividad y la positividad a la negatividad (véase la figura 4).
Esto significa que cuando los hombres y las mujeres se unen en el coito, las bioenergías de los cuerpos crean una experiencia sexual extática a través de la acción recíproca de las polaridades opuestas.
Y esto sucede sin que se tenga que hacer nada.
En efecto, el ´viaje´ tántrico comienza cuando nos ponemos en contacto y reestablecemos nuestras consustanciales polaridades masculina y femenina.
Esta presencia de polaridades o fuerzas opuestas en el hombre y la mujer es crucial, ya que nos introduce a una nueva visión del acto sexual.


Las polaridades masculina y femenina

Triste es decirlo, pero el condicionamiento sexual ha empañado la polaridad natural y ha establecido un desequilibrio entre hombres y mujeres.
Imaginémonos que los dos cuerpos, el femenino y el masculino, son dos imanes que tienen la capacidad de crear un campo magnético de atracción cuando uno está en las proximidades del otro.
Pues bien, en vez de constituir estos imanes unos polos relucientes y lustrosos que se atraen de una manera vibrante, los nuestros son unos polos que están cubiertos de herrumbre, polvo y pelusas, lo cual introduce interferencias entre el campo magnético y el flujo de energía que se forma entre ellos.
Parece casi como si nosotros, a través de un condicionamiento sexual que nos apremia al orgasmo, hubiésemos trastornado la polaridad o carga original de nuestros cuerpos.
Y, por lo que se ve, este trastorno ha formado una nube que vela y oscurece las polaridades masculina y femenina. Dicho de otro modo: el esfuerzo y la actividad que acostumbramos a desplegar cuando hacemos el amor crea un calor por fricción, parecido a una pantalla de ´sobrecarga´ comparable a la electricidad estática, que trastorna nuestros genitales y hace que la energía sexual sea incapaz de responder a través de la polaridad.
Cuando hacemos el amor actuando en contra de las connaturales polaridades de los órganos sexuales, estamos de alguna manera perjudicando, sin quererlo, a nuestro propio potencial sexual extático. Por el contrario, si hacemos el amor en conciencia, seremos capaces nosotros mismos de contrarrestar los efectos de esos trastornos energéticos, con lo que los cuerpos de una manera gradual y agradecida retornarán a sus intrínsecas polaridades masculina y femenina.
Los hombres empezarán a sentir sus auténticas cualidades masculinas y las mujeres sus atributos genuinamente femeninos.
Lo normal es que no nos demos cuenta de estas falsedades o trastornos de nuestras polaridades porque, duele reconocerlo, ésta ha sido y es nuestra situación desde hace muchísimo tiempo; pero lo que sí se nota en nuestros días es que las mujeres son cada vez más rudas y viriles, al tiempo que el machismo y la agresividad crece en un buen námero de hombres. Tanto los hombres como las mujeres sufren los efectos de una energía sexual desquiciada.
Puesto que nacemos con este desequilibrio, cada vez que realizamos el acto sexual no hacemos otra cosa que reforzarlo; a menos, claro está, que se nos instruya en otro sentido.


Reeduquémonos nosotros mismos en materia de sexo

A lo largo de siglos las personas no han recibido casi ninguna instrucción sobre cuestiones sexuales. Cuando preguntaba a las mujeres que acudían a mi consulta si en su pubertad les habían informado algo sobre la menstruación, la contestación era invariablemente negativa.
No les habían dado ningán tipo de información.
A muchas les habían hecho la acostumbrada parafernalia mucho antes de que ocurriese, pero nada más.
A pesar de tratarse de un episodio mensual que experimentan las mujeres y de estar inextricablemente unido al sexo y a la reproducción, recibíamos muy poca o ninguna orientación al respecto.
Y, como padres: øqué es lo que conocéis sobre el sexo que podríais comunicar a vuestro hijo o hija? Desgraciadamente la mayoría de los padres no habían sido adoctrinados sobre cómo tenían que abordar este importante aspecto de la educación sexual de sus hijos.
Yo, como hija de esta general negligencia informativa, sólo tenía ligeras nociones sobre esta fundamental materia, así que tomé la decisión de educarme yo misma.
Me costó bastante tiempo y empeño recobrar la sensibilidad que, sin yo saberlo, había perdido, y tuve que aprender a relajarme y a ´estar presente´ mientras hacía el amor en vez de estar ´allí´ y ´hacer´ sólo lo necesario para sentir el orgasmo. El paso más esencial para mí fue conocer mi polaridad y ahondar paulatinamente en ella.
Por así decirlo, me centré en hacerme más ´negativa´ y pasiva, o sea, más permisiva, más receptiva y más consciente; y, para mi sorpresa, me encontré con que mi compañero se había hecho más ´positivo´, más dinámico, más vital y más ´presente´. …sta no era, ni mucho menos, la misma clase de positividad que yo hasta ese momento había conocido; esto es, cuando nuestra forma de hacer el amor era algo así como una fatigosa carrera para llegar siempre a una misma meta, o cuando nos esforzábamos por crear un clímax de energía.
Ahora era casi lo contrario: en vez de perseguir con ardor un pico o clímax, nos dejábamos arrastrar arrobadamente por un tranquilo y placentero valle.
Fue algo nuevo y diferente a la vez, algo profundo, circular, extático y sorprendentemente delicioso.
Siempre que volvía a mi antigua práctica de querer alcanzar a toda costa el clímax y liberar energía, me sentía frustrada, irritable, truncada y alejada de mi pareja.
Poco a poco comprendí que este nuevo ´estilo´ de hacer el amor daba significado a mi vida, que le añadía una cualidad espiritual que yo había estado buscando por otros medios. Era como si de repente me hubiese topado con una reconfortante y protectora hoguera después de estar mucho tiempo vagando por inhóspitos y peligrosos parajes. Descubrí de forma gradual que el amor se engrandecía a través no de un foco exterior, sino de uno interior, y que todo dependía más de mí y de mi grado de consciencia que de él.
Tanto es así que, de repente, vi como volvían a mis propias manos las riendas de todo, con lo que empecé a darme cuenta de que yo era la ánica enteramente responsable de la calidad del amor que me tocaría vivir.
Sólo me resta apuntar que cuando yo realizaba el acto sexual de forma consciente daba y recibía mucho más amor.


Haciendo el amor en un campo magnético

La energía masculina representa la parte positiva y la femenina la parte negativa; ambas energías son componentes homólogos de un mismo fenómeno. Cada una de por sí es incompleta, por lo que sólo pueden existir a través del concurso de ambas.
Sin embargo, es muy importante que tengamos presente que cada polaridad, ya sea negativa o positiva, contiene en sí misma su propio polo opuesto y complementario (véase la figura 4).
El hombre, si bien es esencialmente positivo, también tiene un polo negativo interno (una mujer interior); mientras que la mujer, que es fundamentalmente negativa, contiene un polo positivo interno (un hombre interior) que le sirve de equilibrio. De esta manera, cada miembro de la pareja es independiente del otro; cada uno con capacidad para bastarse a sí mismo y con un interior, segán el caso, positivo o negativo. Esto otorga a cada cuerpo la facultad de crear energía y de hacerla circular dentro de él.
El cuerpo masculino lleva el polo positivo en los genitales y el negativo en la zona del pecho y el corazón; mientras que la mujer, por su natural oposición, lleva el polo positivo en sus senos y en el corazón y el negativo en sus genitales. Entre esta positividad y negatividad se forma un campo magnético, lo que hace que la energía sexual sea capaz de ponerse en movimiento y subir en espiral a través del cuerpo.
El campo magnético que existe entre los dos polos opuestos se denomina ´eje de magnetismo´ (véase la figura 5).
Cuando estos dos ´ejes de magnetismo´ se aproximan entre sí se crea un potente campo magnético entre ambos cuerpos; y, si se realiza una íntima y plena unión sexual entre ellos, se produce un encuentro y atracción en sus polos opuestos con lo que se completa y cierra un circuito ´eléctrico´.
La energía masculina fluye desde el pene hacia la vagina y luego hacia arriba hasta llegar al corazón de la mujer. La energía femenina, por su parte, responde por medio de los senos y se introduce en el corazón del hombre para fluir después hacia abajo en dirección al centro sexual de éste. Se crea así una completa unidad en la que las circulantes bioenergías poseen el poder de generar una luz parpadeante.
Una vez completado el circuito, la electricidad pasa de un lado a otro del hombre a la mujer con fases activas y pasivas, esto es, el hombre convirtiéndose en mujer y la mujer convirtiéndose en hombre. Se trata de una bioelectricidad divina, de un fenómeno que se ha adelantado en muchos siglos a las modernas tecnologías, y que el tantra denomina ´círculo de luz´ (véase la figura 6). Este poderoso efecto de polaridad representa el máximo potencial del hombre y la mujer juntos; una fuerza espiritual en virtud de la cual es posible penetrar en los misterios de la vida. Esta información acerca de las polaridades debe ser utilizada en nuestro juego amoroso de la forma más práctica posible. Puesto que la energía del cuerpo fluye, al igual que la electricidad, del polo positivo al negativo, son los polos positivos del hombre y la mujer los que necesitan estar despiertos a fin de iniciar el movimiento más profundo de la energía sexual.
El tantra subraya la importancia de este aserto llamando al pene y a los senos los ´polos positivos del amor´.
Estos polos segregan sustancias que son fuente de vida: el semen por parte del hombre y la leche por parte de la mujer; tratándolos, pues, como tales durante el coito y sus preliminares, es posible mejorar la energía sexual que se genera.


Generación de energía sexual mediante la polaridad

Desde un punto de vista práctico esto significa que en el caso de la mujer los senos son infinitamente más importantes que la vagina.
Sin embargo, nuestra forma más usual de realizar el coito y sus preliminares, las caricias y estimulaciones, es prestar toda la atención a los dos principales órganos sexuales.
Nada más iniciado el coito, y una vez que el hombre ha tenido su erección, en seguida pensamos en juntar ambos órganos sin tener en cuenta que esto suele ocurrir mucho antes de que la mujer esté sexualmente despierta. Para el hombre su pene es un polo positivo y dinámico siempre dispuesto a la relación sexual; sin embargo, para la mujer, su órgano es un polo pasivo, negativo y receptivo que no siempre está dispuesto a dicha relación. Inadvertidamente centramos la atención en el pene y la vagina, los órganos del amor, cuando en realidad deberíamos dirigirla a los polos positivos del amor.
El primer enfoque es muy corriente y, en lo que se refiere a la energía del cuerpo de la mujer, encierra un serio malentendido; tanto es así, que en esta equivocación hay que buscar la causa de nuestra gran insatisfacción sexual.
Hombres y mujeres se sienten enormemente frustrados, incluso furiosos, cuando se sienten incapaces de generar energía sexual a través de la polaridad. Si en los preliminares del coito prestamos atención al clítoris y a la zona genital de la mujer, hay que pensar que, aunque se produce excitación, la acción es ineficaz desde el punto de vista energético.
La mujer no podría nunca llegar a estar inflamada por el deseo sexual porque, en este caso, los genitales son de una importancia secundaria en lo que se refiere a su polaridad corporal interior. Para hacer que su bioenergía responda hay que procurar que su polo positivo, los senos y pezones, se active o participe y que su corazón adquiera el necesario grado de calor.
El amor y la energía que se produce en el polo positivo se extienden y desparraman de un modo natural, anegando la vagina de calor, receptividad y deseo; condiciones éstas necesarias para despertar el polo negativo o pasivo de la mujer.
El órgano del amor no puede estar debidamente preparado hasta que no entra en escena el polo positivo. Si en el acto de la penetración o en cualquier momento posterior irrumpe de improviso en el circuito la energía masculina en forma de torrente de fuerza vital, este verdadero despertar del polo negativo de la mujer introduce algo, que podríamos denominar ´potencial eléctrico´, entre el pene y la vagina. Se trata de una experiencia sexual completamente distinta. Cuando antes de la penetración concentramos nuestra atención y caricias en los senos, aparece allí mismo, tanto física como psicológicamente, la disposición para el acto sexual, lo cual es muy importante. El hombre sentirá inmediatamente que la mujer está con él, que está de su parte, moviéndose al unísono rítmicamente.
Con la firme aquiescencia corporal por parte de la mujer, se creará un sentimiento de unicidad, y ni él tendrá que luchar para conseguir amor ni ella esforzarse para darlo; se consumará una verdadera unión sexual. Y es haciendo el amor de esta forma, utilizando la polaridad, como se inicia el proceso de establecer un potente campo de energía no sólo entre los dos cuerpos, sino también dentro de ellos. La bioelectricidad que emana de este campo magnético sigue un camino en espiral, lo que explica por qué el movimiento del afamado poder serpenteante, la energía kundalini* localizada en la base de la espina dorsal masculina, se experimenta como si se tratara de una serpiente que nos proporcionase sensaciones fuertes, extensas y paroxismales. Como complemento a esto, la raíz de la energía kundalini femenina no está en la base de la espina dorsal, como erróneamente se creía, sino en los senos.
Y tiene que ser así porque la energía no puede ser generada en un centro negativo. Una vez que los senos y el corazón de la mujer alcancen un pleno estado de resonancia, la serpiente de la que hemos hablado se desenroscará grácilmente y dejará un camino abierto. Toda vez que la energía se conecta y vibra profundamente dentro de los cuerpos y de las almas, el acto de hacer el amor puede elevarse mediante las bioelectricidades hasta cotas nunca alcanzadas anteriormente.
Cuando la electricidad del cuerpo se adueñe de la situación, seremos capaces de amar apasionadamente; y lo haremos porque nos embargará una indescriptible sensación de intemporalidad en cada momento extático y orgásmico, algo que sólo podría concebirse en sueños. Y lo que es más, las delicias derivadas del acto de amar se multiplicarán, puesto que la polaridad no tiene término, sino la posibilidad de añadir más y más luz.


El camino hacia una unión sexual extática

El arte está en crear y utilizar la polaridad, retornando así a la polaridades intrínsecas mediante las cuales los hombres se vuelven más masculinos y las mujeres más femeninas.
Sintiéndose capaz de hacer sentir un verdadero amor y de satisfacer plenamente a la mujer en el aspecto sexual, lo que constituye uno de los más profundos deseos del hombre, éste empieza a sentirse más sólido, maduro, responsable, cariñoso y fuerte. Se perfila así una auténtica autoridad y claridad masculinas. La mujer, al recibir y devolver este amor, comienza a apreciar de por sí a la fuente del amor y de la creación como algo candoroso y dulce, algo que la reviste de una femineidad perfumada y delicada. Alcanzar el equilibrio a través de esta intrínseca polaridad crea armonía, comprensión, respeto y aprecio mutuo. De este modo, el amor se convierte en una realidad viva. Conseguida la polaridad, se desarrolla un estado innato de atracción, esto es, una inteligencia entre el pene y la vagina de naturaleza orgánica y magnética que se refuerza con el tiempo. El sorprendente resultado de todo esto es que cada vez necesitaremos menos esfuerzo para hacer el amor, ya que el cuerpo lo hace por sí solo. Tanto es así, que cuanto menos hagamos y cuanto más nos permitamos ´ser´, más grande y maravillosa será la experiencia.
El shivalingam, antiguo símbolo tántrico que aán hoy día puede verse por toda la India, representa el pene o lingham normalmente rodeado por la vagina o yoni.
Estos dos elementos se muestran en una gran variedad de interesantes combinaciones y formas; si bien, en este caso, la yoni tiene unas implicaciones mucho más profundas que la mera representación del polo femenino negativo. Además de esto, también representa un canal, una especie de autopista que llega hasta el corazón; a través de ella, el hombre puede alcanzar el polo positivo de la mujer, su homólogo, y fundirse con él. Mediante una hermosa unión sexual, el polo positivo del hombre penetra el polo negativo de la mujer e inicia un movimiento ascendente hasta penetrar, por áltimo, el corazón.
Cuando esto sucede, tiene lugar un dorado efecto de acoplamiento producido por la suprema inserción del pene en el corazón. °El resultado, créanme, es puro éxtasis!


Puntos clave

  • La condición masculina y femenina son fuerzas que se atraen al ser, respectivamente, positiva y negativa.
  • Esta polaridad es la causa de nuestro éxtasis sexual.
  • El cuerpo masculino y el femenino acogen, además del suyo propio, el polo opuesto, con el que cada uno forma un ´eje de magnetismo´.
  • Con la unión de ambos cuerpos se crea un potente campo magnético y se pone en circulación la bioenergía.
  • Para que se active la energía sexual de la mujer hay que acariciar y prestar atención a sus senos.


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1999© Diana Richardson


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