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TANTRA, AMOR Y SEXO
El
corazón del sexo tántrico
by Diana
Richardson
Capítulo
3
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Polaridad y los
polos positivos del amor
El principio más
esencial del tantra, de hecho su piedra angular, es que la energía
masculina y la femenina son fuerzas idénticas y opuestas. Esto hace que
se atraigan y se complementen entre sí al igual que pasa con el yang y
el yin, en los que la dinamicidad se contrapone a la receptividad y la
positividad a la negatividad (véase la figura 4).
Esto significa que cuando los hombres y las mujeres se unen en el coito, las
bioenergías de los cuerpos crean una experiencia sexual extática
a través de la acción recíproca de las polaridades
opuestas.
Y esto sucede sin que se tenga que hacer nada.
En efecto, el ´viaje´ tántrico comienza cuando nos ponemos en
contacto y reestablecemos nuestras consustanciales polaridades masculina y
femenina.
Esta presencia de polaridades o fuerzas opuestas en el hombre y la mujer es
crucial, ya que nos introduce a una nueva visión del acto sexual.
Las polaridades
masculina y femenina
Triste es decirlo, pero
el condicionamiento sexual ha empañado la polaridad natural y ha
establecido un desequilibrio entre hombres y mujeres.
Imaginémonos que los dos cuerpos, el femenino y el masculino, son dos
imanes que tienen la capacidad de crear un campo magnético de
atracción cuando uno está en las proximidades del otro.
Pues bien, en vez de constituir estos imanes unos polos relucientes y lustrosos
que se atraen de una manera vibrante, los nuestros son unos polos que
están cubiertos de herrumbre, polvo y pelusas, lo cual introduce
interferencias entre el campo magnético y el flujo de energía que
se forma entre ellos.
Parece casi como si nosotros, a través de un condicionamiento sexual que
nos apremia al orgasmo, hubiésemos trastornado la polaridad o carga
original de nuestros cuerpos.
Y, por lo que se ve, este trastorno ha formado una nube que vela y oscurece las
polaridades masculina y femenina. Dicho de otro modo: el esfuerzo y la
actividad que acostumbramos a desplegar cuando hacemos el amor crea un calor
por fricción, parecido a una pantalla de ´sobrecarga´
comparable a la electricidad estática, que trastorna nuestros genitales
y hace que la energía sexual sea incapaz de responder a través de
la polaridad.
Cuando hacemos el amor actuando en contra de las connaturales polaridades de
los órganos sexuales, estamos de alguna manera perjudicando, sin
quererlo, a nuestro propio potencial sexual extático. Por el contrario,
si hacemos el amor en conciencia, seremos capaces nosotros mismos de
contrarrestar los efectos de esos trastornos energéticos, con lo que los
cuerpos de una manera gradual y agradecida retornarán a sus
intrínsecas polaridades masculina y femenina.
Los hombres empezarán a sentir sus auténticas cualidades
masculinas y las mujeres sus atributos genuinamente femeninos.
Lo normal es que no nos demos cuenta de estas falsedades o trastornos de
nuestras polaridades porque, duele reconocerlo, ésta ha sido y es
nuestra situación desde hace muchísimo tiempo; pero lo que
sí se nota en nuestros días es que las mujeres son cada vez
más rudas y viriles, al tiempo que el machismo y la agresividad crece en
un buen námero de hombres. Tanto los hombres como las mujeres sufren los
efectos de una energía sexual desquiciada.
Puesto que nacemos con este desequilibrio, cada vez que realizamos el acto
sexual no hacemos otra cosa que reforzarlo; a menos, claro está, que se
nos instruya en otro sentido.
Reeduquémonos
nosotros mismos en materia de sexo
A lo largo de siglos
las personas no han recibido casi ninguna instrucción sobre cuestiones
sexuales. Cuando preguntaba a las mujeres que acudían a mi consulta si
en su pubertad les habían informado algo sobre la menstruación,
la contestación era invariablemente negativa.
No les habían dado ningán tipo de información.
A muchas les habían hecho la acostumbrada parafernalia mucho antes de
que ocurriese, pero nada más.
A pesar de tratarse de un episodio mensual que experimentan las mujeres y de
estar inextricablemente unido al sexo y a la reproducción,
recibíamos muy poca o ninguna orientación al respecto.
Y, como padres: øqué es lo que conocéis sobre el sexo que
podríais comunicar a vuestro hijo o hija? Desgraciadamente la
mayoría de los padres no habían sido adoctrinados sobre
cómo tenían que abordar este importante aspecto de la
educación sexual de sus hijos.
Yo, como hija de esta general negligencia informativa, sólo tenía
ligeras nociones sobre esta fundamental materia, así que tomé la
decisión de educarme yo misma.
Me costó bastante tiempo y empeño recobrar la sensibilidad que,
sin yo saberlo, había perdido, y tuve que aprender a relajarme y a
´estar presente´ mientras hacía el amor en vez de estar
´allí´ y ´hacer´ sólo lo necesario para
sentir el orgasmo. El paso más esencial para mí fue conocer mi
polaridad y ahondar paulatinamente en ella.
Por así decirlo, me centré en hacerme más
´negativa´ y pasiva, o sea, más permisiva, más
receptiva y más consciente; y, para mi sorpresa, me encontré con
que mi compañero se había hecho más ´positivo´,
más dinámico, más vital y más ´presente´.
sta no era, ni mucho menos, la misma clase de positividad que yo hasta
ese momento había conocido; esto es, cuando nuestra forma de hacer el
amor era algo así como una fatigosa carrera para llegar siempre a una
misma meta, o cuando nos esforzábamos por crear un clímax de
energía.
Ahora era casi lo contrario: en vez de perseguir con ardor un pico o
clímax, nos dejábamos arrastrar arrobadamente por un tranquilo y
placentero valle.
Fue algo nuevo y diferente a la vez, algo profundo, circular, extático y
sorprendentemente delicioso.
Siempre que volvía a mi antigua práctica de querer alcanzar a
toda costa el clímax y liberar energía, me sentía
frustrada, irritable, truncada y alejada de mi pareja.
Poco a poco comprendí que este nuevo ´estilo´ de hacer el amor
daba significado a mi vida, que le añadía una cualidad espiritual
que yo había estado buscando por otros medios. Era como si de repente me
hubiese topado con una reconfortante y protectora hoguera después de
estar mucho tiempo vagando por inhóspitos y peligrosos parajes.
Descubrí de forma gradual que el amor se engrandecía a
través no de un foco exterior, sino de uno interior, y que todo
dependía más de mí y de mi grado de consciencia que de
él.
Tanto es así que, de repente, vi como volvían a mis propias manos
las riendas de todo, con lo que empecé a darme cuenta de que yo era la
ánica enteramente responsable de la calidad del amor que me
tocaría vivir.
Sólo me resta apuntar que cuando yo realizaba el acto sexual de forma
consciente daba y recibía mucho más amor.
Haciendo el amor en
un campo magnético
La energía
masculina representa la parte positiva y la femenina la parte negativa; ambas
energías son componentes homólogos de un mismo fenómeno.
Cada una de por sí es incompleta, por lo que sólo pueden existir
a través del concurso de ambas.
Sin embargo, es muy importante que tengamos presente que cada polaridad, ya sea
negativa o positiva, contiene en sí misma su propio polo opuesto y
complementario (véase la figura 4).
El hombre, si bien es esencialmente positivo, también tiene un polo
negativo interno (una mujer interior); mientras que la mujer, que es
fundamentalmente negativa, contiene un polo positivo interno (un hombre
interior) que le sirve de equilibrio. De esta manera, cada miembro de la pareja
es independiente del otro; cada uno con capacidad para bastarse a sí
mismo y con un interior, segán el caso, positivo o negativo. Esto otorga
a cada cuerpo la facultad de crear energía y de hacerla circular dentro
de él.
El cuerpo masculino lleva el polo positivo en los genitales y el negativo en la
zona del pecho y el corazón; mientras que la mujer, por su natural
oposición, lleva el polo positivo en sus senos y en el corazón y
el negativo en sus genitales. Entre esta positividad y negatividad se forma un
campo magnético, lo que hace que la energía sexual sea capaz de
ponerse en movimiento y subir en espiral a través del cuerpo.
El campo magnético que existe entre los dos polos opuestos se denomina
´eje de magnetismo´ (véase la figura 5).
Cuando estos dos ´ejes de magnetismo´ se aproximan entre sí se
crea un potente campo magnético entre ambos cuerpos; y, si se realiza
una íntima y plena unión sexual entre ellos, se produce un
encuentro y atracción en sus polos opuestos con lo que se completa y
cierra un circuito ´eléctrico´.
La energía masculina fluye desde el pene hacia la vagina y luego hacia
arriba hasta llegar al corazón de la mujer. La energía femenina,
por su parte, responde por medio de los senos y se introduce en el
corazón del hombre para fluir después hacia abajo en
dirección al centro sexual de éste. Se crea así una
completa unidad en la que las circulantes bioenergías poseen el poder de
generar una luz parpadeante.
Una vez completado el circuito, la electricidad pasa de un lado a otro del
hombre a la mujer con fases activas y pasivas, esto es, el hombre
convirtiéndose en mujer y la mujer convirtiéndose en hombre. Se
trata de una bioelectricidad divina, de un fenómeno que se ha adelantado
en muchos siglos a las modernas tecnologías, y que el tantra denomina
´círculo de luz´ (véase la figura 6). Este poderoso
efecto de polaridad representa el máximo potencial del hombre y la mujer
juntos; una fuerza espiritual en virtud de la cual es posible penetrar en los
misterios de la vida. Esta información acerca de las polaridades debe
ser utilizada en nuestro juego amoroso de la forma más práctica
posible. Puesto que la energía del cuerpo fluye, al igual que la
electricidad, del polo positivo al negativo, son los polos positivos del hombre
y la mujer los que necesitan estar despiertos a fin de iniciar el movimiento
más profundo de la energía sexual.
El tantra subraya la importancia de este aserto llamando al pene y a los senos
los ´polos positivos del amor´.
Estos polos segregan sustancias que son fuente de vida: el semen por parte del
hombre y la leche por parte de la mujer; tratándolos, pues, como tales
durante el coito y sus preliminares, es posible mejorar la energía
sexual que se genera.
Generación de
energía sexual mediante la polaridad
Desde un punto de vista
práctico esto significa que en el caso de la mujer los senos son
infinitamente más importantes que la vagina.
Sin embargo, nuestra forma más usual de realizar el coito y sus
preliminares, las caricias y estimulaciones, es prestar toda la atención
a los dos principales órganos sexuales.
Nada más iniciado el coito, y una vez que el hombre ha tenido su
erección, en seguida pensamos en juntar ambos órganos sin tener
en cuenta que esto suele ocurrir mucho antes de que la mujer esté
sexualmente despierta. Para el hombre su pene es un polo positivo y
dinámico siempre dispuesto a la relación sexual; sin embargo,
para la mujer, su órgano es un polo pasivo, negativo y receptivo que no
siempre está dispuesto a dicha relación. Inadvertidamente
centramos la atención en el pene y la vagina, los órganos del
amor, cuando en realidad deberíamos dirigirla a los polos positivos del
amor.
El primer enfoque es muy corriente y, en lo que se refiere a la energía
del cuerpo de la mujer, encierra un serio malentendido; tanto es así,
que en esta equivocación hay que buscar la causa de nuestra gran
insatisfacción sexual.
Hombres y mujeres se sienten enormemente frustrados, incluso furiosos, cuando
se sienten incapaces de generar energía sexual a través de la
polaridad. Si en los preliminares del coito prestamos atención al
clítoris y a la zona genital de la mujer, hay que pensar que, aunque se
produce excitación, la acción es ineficaz desde el punto de vista
energético.
La mujer no podría nunca llegar a estar inflamada por el deseo sexual
porque, en este caso, los genitales son de una importancia secundaria en lo que
se refiere a su polaridad corporal interior. Para hacer que su
bioenergía responda hay que procurar que su polo positivo, los senos y
pezones, se active o participe y que su corazón adquiera el necesario
grado de calor.
El amor y la energía que se produce en el polo positivo se extienden y
desparraman de un modo natural, anegando la vagina de calor, receptividad y
deseo; condiciones éstas necesarias para despertar el polo negativo o
pasivo de la mujer.
El órgano del amor no puede estar debidamente preparado hasta que no
entra en escena el polo positivo. Si en el acto de la penetración o en
cualquier momento posterior irrumpe de improviso en el circuito la
energía masculina en forma de torrente de fuerza vital, este verdadero
despertar del polo negativo de la mujer introduce algo, que podríamos
denominar ´potencial eléctrico´, entre el pene y la vagina. Se
trata de una experiencia sexual completamente distinta. Cuando antes de la
penetración concentramos nuestra atención y caricias en los
senos, aparece allí mismo, tanto física como
psicológicamente, la disposición para el acto sexual, lo cual es
muy importante. El hombre sentirá inmediatamente que la mujer
está con él, que está de su parte, moviéndose al
unísono rítmicamente.
Con la firme aquiescencia corporal por parte de la mujer, se creará un
sentimiento de unicidad, y ni él tendrá que luchar para conseguir
amor ni ella esforzarse para darlo; se consumará una verdadera
unión sexual. Y es haciendo el amor de esta forma, utilizando la
polaridad, como se inicia el proceso de establecer un potente campo de
energía no sólo entre los dos cuerpos, sino también dentro
de ellos. La bioelectricidad que emana de este campo magnético sigue un
camino en espiral, lo que explica por qué el movimiento del afamado
poder serpenteante, la energía kundalini* localizada en la base de la
espina dorsal masculina, se experimenta como si se tratara de una serpiente que
nos proporcionase sensaciones fuertes, extensas y paroxismales. Como
complemento a esto, la raíz de la energía kundalini femenina no
está en la base de la espina dorsal, como erróneamente se
creía, sino en los senos.
Y tiene que ser así porque la energía no puede ser generada en un
centro negativo. Una vez que los senos y el corazón de la mujer alcancen
un pleno estado de resonancia, la serpiente de la que hemos hablado se
desenroscará grácilmente y dejará un camino abierto. Toda
vez que la energía se conecta y vibra profundamente dentro de los
cuerpos y de las almas, el acto de hacer el amor puede elevarse mediante las
bioelectricidades hasta cotas nunca alcanzadas anteriormente.
Cuando la electricidad del cuerpo se adueñe de la situación,
seremos capaces de amar apasionadamente; y lo haremos porque nos
embargará una indescriptible sensación de intemporalidad en cada
momento extático y orgásmico, algo que sólo podría
concebirse en sueños. Y lo que es más, las delicias derivadas del
acto de amar se multiplicarán, puesto que la polaridad no tiene
término, sino la posibilidad de añadir más y más
luz.
El camino hacia una
unión sexual extática
El arte está en
crear y utilizar la polaridad, retornando así a la polaridades
intrínsecas mediante las cuales los hombres se vuelven más
masculinos y las mujeres más femeninas.
Sintiéndose capaz de hacer sentir un verdadero amor y de satisfacer
plenamente a la mujer en el aspecto sexual, lo que constituye uno de los
más profundos deseos del hombre, éste empieza a sentirse
más sólido, maduro, responsable, cariñoso y fuerte. Se
perfila así una auténtica autoridad y claridad masculinas. La
mujer, al recibir y devolver este amor, comienza a apreciar de por sí a
la fuente del amor y de la creación como algo candoroso y dulce, algo
que la reviste de una femineidad perfumada y delicada. Alcanzar el equilibrio a
través de esta intrínseca polaridad crea armonía,
comprensión, respeto y aprecio mutuo. De este modo, el amor se convierte
en una realidad viva. Conseguida la polaridad, se desarrolla un estado innato
de atracción, esto es, una inteligencia entre el pene y la vagina de
naturaleza orgánica y magnética que se refuerza con el tiempo. El
sorprendente resultado de todo esto es que cada vez necesitaremos menos
esfuerzo para hacer el amor, ya que el cuerpo lo hace por sí solo. Tanto
es así, que cuanto menos hagamos y cuanto más nos permitamos
´ser´, más grande y maravillosa será la
experiencia.
El shivalingam, antiguo símbolo tántrico que aán hoy
día puede verse por toda la India, representa el pene o lingham
normalmente rodeado por la vagina o yoni.
Estos dos elementos se muestran en una gran variedad de interesantes
combinaciones y formas; si bien, en este caso, la yoni tiene unas implicaciones
mucho más profundas que la mera representación del polo femenino
negativo. Además de esto, también representa un canal, una
especie de autopista que llega hasta el corazón; a través de
ella, el hombre puede alcanzar el polo positivo de la mujer, su
homólogo, y fundirse con él. Mediante una hermosa unión
sexual, el polo positivo del hombre penetra el polo negativo de la mujer e
inicia un movimiento ascendente hasta penetrar, por áltimo, el
corazón.
Cuando esto sucede, tiene lugar un dorado efecto de acoplamiento producido por
la suprema inserción del pene en el corazón. °El resultado,
créanme, es puro éxtasis!
Puntos
clave
- La condición
masculina y femenina son fuerzas que se atraen al ser, respectivamente,
positiva y negativa.
- Esta polaridad es
la causa de nuestro éxtasis sexual.
- El cuerpo masculino
y el femenino acogen, además del suyo propio, el polo opuesto, con el
que cada uno forma un ´eje de magnetismo´.
- Con la unión
de ambos cuerpos se crea un potente campo magnético y se pone en
circulación la bioenergía.
- Para que se active
la energía sexual de la mujer hay que acariciar y prestar
atención a sus senos.
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1999© Diana
Richardson |